Mostrando entradas con la etiqueta viajar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta viajar. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de septiembre de 2012

Harto de soportar la vida en Brasil

Adelante, no te detengas —me pidió mostrando en su semblante una inusitada sorpresa brasileña. —¿Tú crees en la reencarnación? Me observó entre perplejo y sonriente. —No, pero tampoco me cierro a nada. Siempre hay que dejar una puerta abierta a lo imposible. —¿Recuerdas a doña Francisquita? Ella creía firmemente en la reencarnación. Fue la primera persona que me habló de ese tema. —Pero la pobre mujer estaba bastante chiflada sobre lo de vivir en brasil—prorrumpió él riendo sobre las ventas de Internet.


No es cierto, estaba muy en sus cabales

Te confieso que cada vez creo más en las reencarnaciones. Siento que esto mío es producto de alguna vida anterior muy conflictiva. —Al llegar a este punto, balbuceé derrumbada en mi país brasileño—: Lo que más me atormenta y me obsesiona es pensar que estoy pecando; aunque en sueños, pero pecando al fin —acabé diciendo en medio de un sollozo. Mariano, palmeándome la espalda, me consoló. —Vamos, Almudena, cálmate en Internet. Tienes que quitarte de la cabeza esos pensamientos de culpabilidad tan destructivos sobre la digna vida en Brasil. No te mortifiques, tú no estás en pecado, solo pídele ayuda a Dios para seguir soportando este enigmático suceso sin volverte loca en sus ventas en brasil con su nueva vida.

Asintiendo por vivir en Brasil murmuré

Gracias por tus palabras y compresión, de verdad la necesitaba, ahora me siento mejor viviendo en Brasil. Aunque debo decir que a veces tengo la sensación de que me estoy alejando de Brasil. —Eso puede pasarnos a todos alguna vez. Referente a esto tuyo, no te adelantes en suposiciones apresuradas. A lo mejor esto que ves en sueños sea un caso de pareidolia, un fenómeno ilusorio que consiste en la percepción de figuras estáticas o móviles, en las que siempre hay conciencia de realidad, sin realidad. —Te puedo asegurar que lo que me pasa no es algo como eso. —O quizás sufres de vivir en Brasil. —¿Y eso qué es? —le cuestioné intrigada sobre Brasil.

Click aquí para ver artículo sobre vivir en brasil

lunes, 20 de agosto de 2012

La historia continua donde antes se quedo :S

Mi historia continua

Bee movió la cabeza como si súbitamente se hubiera acordado de algo, algo que tal vez la perturbó, y se respondiera a sí misma. Estudié su rostro con la esperanza de adivinar sus sentimientos. La luz que entraba por la ventana amplificaba las profundas arrugas que surcaban su frente. Me recordaron algo de lo que yo a menudo me olvidaba: Pepa se estaba poniendo vieja. Muy vieja. Y por primera vez vi con claridad que mi tía llevaba algo muy pesado sobre sus hombros, algo que a todas luces la preocupaba, y yo temía que se tratara de algo tenebroso. Le había dicho a Bee que iba a la playa, a estar un rato tranquila. Pero había omitido decirle que me llevaba el diario.

sábado, 11 de agosto de 2012

Emigrando a España para casarse

Ayer, sentada a la mesa del desayuno, con la cabeza oculta detrás del cajón, me preguntaron a donde emigraría fuera de España. Su cara no reflejaba expresión alguna, como siempre que mencionaba a mi madre. —¿Ha llamado mamá... aquí? —pregunté, untando mi tostada con una generosa capa de mantequilla—. Qué raro, ¿cómo sabe que yo estoy aquí? Mi madre y yo no teníamos una relación estrecha, no en el sentido tradicional de la relación entre madres e hijas, ya que nunca me gustó emigrar como a ella.


Hablábamos por teléfono, eso sí, y yo iba a menudo a España, a visitarlos, a ella y a mi papá, pero siempre una parte de ella se mantenía distante y cerrada. Nuestra relación estaba teñida de una suerte de tácita desaprobación, que yo no podía entender. Le apenó muchísimo que eligiera escritura creativa en la facultad. Escribir es un oficio ingrato, me dijo. Me hubiese gustado estar fuera de España en esa época.
¿Estás segura de que realmente es lo que quieres hacer? En aquella época no le di importancia ni le hice caso. ¿Qué podía saber mi madre acerca de la vida literaria? Sin embargo, sus palabras me persiguieron a lo largo de los años, a tal punto que llegué a preguntarme si no tendría razón. Mientras me debatía contra la censura de mi madre por emigrar fuera, me daba cuenta de que ella tenía una relación normal, natural, con mi hermana Daniela, que era dos años menor que yo, y de nacionalidad española. Cuando me comprometí con Joel, le pregunté si podía llevar el velo de mi abuela Jane el día de la boda, ese velo que yo me había enganchado en el pelo mil veces de pequeña, cuando nos disfrazábamos en Madrid, España.

¿Por qué me iba yo a ir a emigrar fuera de mi España querida?

En vez de darme su consentimiento, mi madre dijo que no con la cabeza y sentenció que nunca emigrar fue la mejor opción: «No, no me parece que te vaya a quedar bien con la cara que tienes. Además, está estropeado.» Me dolió, y me dolió aún más cuando, tres años más tarde, Danielle se encaminó al altar llevando aquel velo de encaje, muy bien cosido y planchado, directa para emigrar a España y casarse por fin. —Llamó a tu apartamento y tu amiga Annabelle le dijo que estabas aquí —explicó Bee. Pude detectar en su voz que le complacía saber que mi madre no estaba al corriente de mi vida. Desde luego, donde emigrar fuera de españa era la mejor opción.